Bueno, pues llegó el momento de tomarse un merecido descanso. Nos vamos unos días de viaje y dudo mucho que encontremos alguna conexión de internet ni menos aún ganas de escribir algo. No obstante y como siempre, iremos atentos y armados de libreta para apuntar temas y situaciones que puedan luego ser desarrolladas en el blog para provecho de sus lectores. Que de momento no son muchos, imagino que los mismos que seguían el Fotolog, si es que alguno no ha desertado aburrido de tanta palabrería. Pocos pero selectos, y algunos incluso nos honran con sus inteligentes comentarios de vez en cuando, lo cual se agradece. Llevamos con el blog dos meses, hemos publicado una docena de posts y poco a poco va adquiriendo una personalidad propia. Confiemos en que después de las vacaciones, al enfrentarnos con las montañas de trabajo que nos esperan, no nos entre la pájara de los ciclistas y mantengamos el mismo ritmo que hasta el momento.
Les dejo un sabio consejo, muy útil para estos días de verano y especialmente indicado para quienes sufren de mal de amores. Pásenlo bien y nos seguimos leyendo a la vuelta.
Anita Lane - The next man that I see (2001)
viernes, 22 de julio de 2011
viernes, 15 de julio de 2011
Imaginación
Hablábamos los últimos días de la falta de imaginación de la industria cultural para enfrentarse a los retos que nos ha traído el nuevo siglo (aunque en su mayoría ya se barruntaran desde hace más tiempo), y cómo sigue enrocada en esa posición indefendible según la cual la práctica totalidad de los habitantes del planeta son enemigos feroces que conspiran para su hundimiento. Porque si hay algo innegable es que las circunstancias han cambiado, que la tecnología es otra y que no se puede pretender aplicar las mismas reglas de cuando la máxima preocupación de los autores era que la orquestina de un balneario pudiera interpretar sin permiso la romanza de una de sus zarzuelas. Por otra parte, aunque opino que los autores de obras musicales, literarias o artísticas no son necesarios y que si un buen día dejaran de producir la humanidad podría valerse perfectamente sin ellos, también les reconozco el derecho a obtener un beneficio económico cada vez que alguien haga un uso comercial de su obra. Lo que se impone por tanto es abrir un debate sobre cuáles serían los nuevos modos de conjugar el acceso universal a las obras musicales (centrémonos en ellas) con la legítima percepción de unos haberes razonables para sus creadores e intérpretes.
Por eso hay que aplaudir la iniciativa de la revista The Wire (de la que soy fiel suscriptor desde 1995) de abrir en sus páginas ese debate, dando entrada a todos los puntos de vista razonables. Todo comenzó de forma casual en el número del pasado mayo, con un artículo de Kenneth Goldsmith, fundador de UbuWeb, en el que reconocía provocativamente no haber vuelto a comprar un disco desde que descubrió Napster. Goldsmith se confesaba como un coleccionista atípico, interesado por la música antes que por el fetiche único, y con estos nuevos medios de intercambios de archivos no necesitaba ya de intermediarios ni de formatos físicos para acceder a su objeto de deseo. Y UbuWeb es su modo de devolver el favor, promoviendo la difusión universal de copias digitales de obras difíciles de encontrar en el mercado.
La respuesta por parte del sector industrial no se hizo esperar, aunque en este caso el portavoz de sus planteamientos no fuera como de costumbre un siniestro leguleyo sino nada menos que Chris Cutler, eminentísimo músico, ideólogo de aquel movimiento que se llamó Rock in Opposition (R.I.O), y miembro fundador de grupos como Henry Cow, Art Bears o News from Babel, como también del sello Recommended (posteriormente RéR Megacorp) donde tantos discos raros hemos comprado (sin ir más lejos, los que contenían los temas que acompañan a este post y el anterior). Lamentablemente sus argumentos en esta ocasión no estaban a la altura de su música; argumentos como la imposibilidad de mantener un grupo estable si no se venden discos o la pérdida de cauces de distribución para los músicos marginales si desaparecen discográficas como la suya. En una inteligente decisión de la dirección de la revista, las reflexiones de Cutler no se publicaron como la carta al director que era sino en una nueva sección creada ex profeso y bautizada como Collateral Damages. Sección que ha seguido enriqueciéndose en el número de julio con una brillante pieza del periodista David Keenan, en la que rechaza las descargas digitales de música por promover una forma superficial de interacción con el hecho cultural basada en la gratificación instantánea. En su lugar propone
News from Babel - Anno Mirabilis (1984)
Por eso hay que aplaudir la iniciativa de la revista The Wire (de la que soy fiel suscriptor desde 1995) de abrir en sus páginas ese debate, dando entrada a todos los puntos de vista razonables. Todo comenzó de forma casual en el número del pasado mayo, con un artículo de Kenneth Goldsmith, fundador de UbuWeb, en el que reconocía provocativamente no haber vuelto a comprar un disco desde que descubrió Napster. Goldsmith se confesaba como un coleccionista atípico, interesado por la música antes que por el fetiche único, y con estos nuevos medios de intercambios de archivos no necesitaba ya de intermediarios ni de formatos físicos para acceder a su objeto de deseo. Y UbuWeb es su modo de devolver el favor, promoviendo la difusión universal de copias digitales de obras difíciles de encontrar en el mercado.
La respuesta por parte del sector industrial no se hizo esperar, aunque en este caso el portavoz de sus planteamientos no fuera como de costumbre un siniestro leguleyo sino nada menos que Chris Cutler, eminentísimo músico, ideólogo de aquel movimiento que se llamó Rock in Opposition (R.I.O), y miembro fundador de grupos como Henry Cow, Art Bears o News from Babel, como también del sello Recommended (posteriormente RéR Megacorp) donde tantos discos raros hemos comprado (sin ir más lejos, los que contenían los temas que acompañan a este post y el anterior). Lamentablemente sus argumentos en esta ocasión no estaban a la altura de su música; argumentos como la imposibilidad de mantener un grupo estable si no se venden discos o la pérdida de cauces de distribución para los músicos marginales si desaparecen discográficas como la suya. En una inteligente decisión de la dirección de la revista, las reflexiones de Cutler no se publicaron como la carta al director que era sino en una nueva sección creada ex profeso y bautizada como Collateral Damages. Sección que ha seguido enriqueciéndose en el número de julio con una brillante pieza del periodista David Keenan, en la que rechaza las descargas digitales de música por promover una forma superficial de interacción con el hecho cultural basada en la gratificación instantánea. En su lugar propone
En resumen, una inversión en energía e imaginación. Y eso es lo que ha hecho Úrsula, proyecto musical del isleño David Cordero, en colaboración con el OFFF Festival: editar esta preciosa joya en edición limitada que es a un tiempo reproductor y contenedor de música. El formato se llama playbutton, se lleva prendido en la ropa como cualquier chapita y se escucha mediante auriculares. Se trata por tanto de un objeto que cumple una doble función: es una insignia con la que el fan puede mostrar su adhesión al artista y al mismo tiempo se trata de una pieza poco común para que sacie su ansia de coleccionista. Porque la música está confinada al objeto, no puede extraerse una copia digital, lo que lo incluye en la misma categoría que a esos formatos obsoletos que defendía Keenan como el cassette o el vinilo. Habría que considerarlo entonces como una propuesta elitista? Nada más lejos! La música que contiene está disponible gratis para todo el mundo en la web de Úrsula. Y es de altísima calidad y muy recomendable. Ahí tienen el enlace para escucharla; aunque el tema final se lo vamos a reservar al bueno de Chris Cutler, como expiación por la cantidad de disgustos que le estamos dando.Limited handmade editions on ‘obsolete’ formats available direct from the artists themselves, impromptu record stores in unofficial spaces, house shows, pop-up shops, labels run from bedrooms, a re-engagement with the expressive possibilities of presentation, a new emphasis on mystery and difficulty...
News from Babel - Anno Mirabilis (1984)
viernes, 8 de julio de 2011
Por qué Brahms
Se presenta la programación de la próxima temporada del Teatro de la Maestranza caracterizada, entre otras cosas, por la omnipresencia de Johannes Brahms en la programación sinfónica. Por lo visto es idea del director musical del teatro dedicar cada temporada a revisar la obra orquestal de algún compositor famoso, y este año le ha dado por el maestro de Hamburgo, el más clásico entre los románticos. Y por qué no?, me dirán ustedes. A fin de cuentas es uno de los grandes de la historia de la música; o al menos eso opinan los entendidos. Que conste que no tengo nada contra Brahms, y si me apuran hasta les diría que me gusta. Durante mi juventud rebelde le pillé bastante manía, a él y a todos sus coetáneos, pues sus discos eran los únicos que sonaban en mi casa, convencido como estaba mi señor padre de que la única música digna de ese nombre en toda la historia de la humanidad era la creada en Europa Central durante un brevísimo intervalo de tiempo alrededor del siglo XIX; pero en la actualidad soy capaz de tenerlo como fondo musical sin molestarme demasiado.
Contra qué va entonces toda esta diatriba? Contra la falta de imaginación y el conservadurismo que lleva, cuando el dinero escasea, a programar música para viejas solteronas, como si sólo ese tipo de público fuera a salvar a la orquesta del pozo de los números rojos. Y es que la doctrina económica ortodoxa que aconseja en tiempo de crisis apostar por los valores seguros puede ser cierta aplicada a las inversiones bursátiles, pero no es extrapolable a la producción cultural. Lamentablemente, en nuestros días los gestores en este terreno nada tienen que ver con la cultura y sí con la economía empresarial (y eso cuando no son meros desechos de tienta de las familias políticas gobernantes), de ahí que apliquen ciegamente las fórmulas que memorizaron en el máster que les pagó papá. Es la misma ceguera que lleva a los periódicos a desprenderse de columnistas de prestigio o de críticos para ahorrar en costes, sin entender que el producto que sacan al mercado es de peor calidad e indistinguible de los diarios gratuitos; y luego, claro, cuando las ventas caen en picado, lo atribuyen a la piratería, a internet o los teléfonos móviles.
No digo yo que sea buena idea dedicar toda la temporada a la obra integral de Stockhausen, pero sí entreverar los conciertos, inteligentemente, con obras de distintos periodos entre las que pueda haber un diálogo. No hay ningún argumento musicológico serio que impida programar en una misma velada a Händel, Wagner y Scelsi o a Mozart, Dvorak y Reich, y podría atraer a un público más variado. Y si el respetable abuchea, patea o se levanta airado de sus asientos, mucho mejor; será la demostración de que la música siegue siendo algo vivo y no un objeto polvoriento encerrado en una vitrina. También Tanhausser y La Consagración de la Primavera fueron protestadas en sus estrenos y hoy día todo el mundo (salvo los abonados del Liceo) las acepta como las obras maestras que son. En Sevilla, no sé si por suerte o por desgracia, el público es educado y no protesta ni en los toros, con lo que se podría aprovechar su pasividad para colarle de vez en cuando alguna música de la segunda mitad del siglo XX y aumentar su escasa cultura en ese terreno. Se supone que esa es una de las funciones de las instituciones públicas. Aunque viendo las estrellas invitadas al ciclo de "grandes intérpretes" del Maestranza (Luz Casal, Pasión Vega, Estrella Morente) más bien pareciera que lo que aquí se pretende es competir, en desigual y desleal lid, con el teatro de Jesús Quintero.
Marie Goyette - Short Cuts. Brahms
Contra qué va entonces toda esta diatriba? Contra la falta de imaginación y el conservadurismo que lleva, cuando el dinero escasea, a programar música para viejas solteronas, como si sólo ese tipo de público fuera a salvar a la orquesta del pozo de los números rojos. Y es que la doctrina económica ortodoxa que aconseja en tiempo de crisis apostar por los valores seguros puede ser cierta aplicada a las inversiones bursátiles, pero no es extrapolable a la producción cultural. Lamentablemente, en nuestros días los gestores en este terreno nada tienen que ver con la cultura y sí con la economía empresarial (y eso cuando no son meros desechos de tienta de las familias políticas gobernantes), de ahí que apliquen ciegamente las fórmulas que memorizaron en el máster que les pagó papá. Es la misma ceguera que lleva a los periódicos a desprenderse de columnistas de prestigio o de críticos para ahorrar en costes, sin entender que el producto que sacan al mercado es de peor calidad e indistinguible de los diarios gratuitos; y luego, claro, cuando las ventas caen en picado, lo atribuyen a la piratería, a internet o los teléfonos móviles.
No digo yo que sea buena idea dedicar toda la temporada a la obra integral de Stockhausen, pero sí entreverar los conciertos, inteligentemente, con obras de distintos periodos entre las que pueda haber un diálogo. No hay ningún argumento musicológico serio que impida programar en una misma velada a Händel, Wagner y Scelsi o a Mozart, Dvorak y Reich, y podría atraer a un público más variado. Y si el respetable abuchea, patea o se levanta airado de sus asientos, mucho mejor; será la demostración de que la música siegue siendo algo vivo y no un objeto polvoriento encerrado en una vitrina. También Tanhausser y La Consagración de la Primavera fueron protestadas en sus estrenos y hoy día todo el mundo (salvo los abonados del Liceo) las acepta como las obras maestras que son. En Sevilla, no sé si por suerte o por desgracia, el público es educado y no protesta ni en los toros, con lo que se podría aprovechar su pasividad para colarle de vez en cuando alguna música de la segunda mitad del siglo XX y aumentar su escasa cultura en ese terreno. Se supone que esa es una de las funciones de las instituciones públicas. Aunque viendo las estrellas invitadas al ciclo de "grandes intérpretes" del Maestranza (Luz Casal, Pasión Vega, Estrella Morente) más bien pareciera que lo que aquí se pretende es competir, en desigual y desleal lid, con el teatro de Jesús Quintero.
Marie Goyette - Short Cuts. Brahms
lunes, 4 de julio de 2011
Teddy y sus amigos
Como a la inmensa mayoría de los españoles, la SGAE es una institución que me resulta profundamente antipática. Tengo además motivos personales para el desafecto, motivos que precisamente el sábado, tras el magnífico concierto de Fujiya Miyagi en el CICUS, recordaba con el compañero Carrascus, relacionados con nuestro fugaz paso por el negocio de los conciertos. Vaya por delante mi respeto a la presunción de inocencia hasta que un juez no dictamine lo contrario, pero también mi convencimiento íntimo y personal, basado en la antigua ciencia de la fisiognomía, de que los directivos ahora encausados han cometido todos los delitos de que se les acusa y muchísimos otros que no se podrán demostrar. Creo necesario aclarar mi postura para que se entienda lo que viene a continuación.
De lo que se acusa a Bautista y los suyos es de desviar fondos de la caja de la SGAE a empresas privadas, de lo que habrían obtenido un beneficio indebido. Es decir, los estafados serían los socios; seguiría siendo delito pero es un asunto interno que a los sufridos ciudadanos ni nos va ni nos viene. Salvo, claro está, para poner en evidencia la falta de controles gubernamentales sobre una sociedad privada a la que, como a los arrendadores de alcabalas de antaño, se le ha concedido la prerrogativa de recaudar impuestos estatales. Esperamos ansiosos las explicaciones de la Ministra de Cultura, miembro a su vez de la sociedad investigada, sobre esta aparente dejación de funciones. Curiosamente a los socios prominentes de la SGAE que han hablado para los medios no parece importarle el presunto desfalco y apoyan ciegamente a la cúpula directiva, lo cual resulta muy sospechoso y nos hace pensar que dichas prácticas eran conocidas y aprobadas al menos por ese pequeño círculo de autores que se reparten la práctica totalidad de lo recaudado. Allá ellos. Lo importante es que la actuación judicial de estos días ha sido sólo contra ciertos miembros del equipo directivo de la SGAE y por unas prácticas ilícitas muy concretas, pero no contra el funcionamiento de la misma. Lo que realmente afecta a la sociedad española, los usos abusivos para recaudar derechos de autor y el cobro de cánones arbitrarios, seguirán como hasta ahora. Porque aunque nos parezcan prácticas injustas son perfectamente legales. Y lo son por decisión gubernamental. Por decirlo de otro modo, el responsable de que cada vez que usted compre un CD tenga que pagar un canon, aunque lo vaya a utilizar para guardar los datos de su tesis, y de que una parte importante de ese canon pueda ir a los bolsillos de Alejandro Sanz o de Víctor Manuel, no es la SGAE, que se limita a aprovecharse de las prebendas que otros le han concedido. La responsabilidad está en el gobierno y en el parlamento de la nación, que tienen la capacidad de cambiar esa situación y no lo hacen. Acuérdense de ello cuando les convoquen próximamente a votar.
Por otro lado, y como lo cortés no quita lo valiente, estoy profundamente disconforme con el tratamiento dado a los detenidos en la operación, y con las mismas detenciones. En España se abusa de estos espectáculos mediáticos, actuaciones policiales con televisión en directo, cuando los implicados son personajes conocidos. Y es significativo que estas falsas demostraciones de autoridad, que apelan a los más bajos instintos del populacho, siempre coincidan con los momentos de mayor descrédito del gobierno de turno. Aunque no ha sido éste el caso, también los jueces suelen abusar de su potestad de imponer prisión preventiva, a la que se debería recurrir únicamente cuando la libertad del acusado pudiera suponer un peligro para terceras personas o haya un riesgo evidente de fuga. Existen muchas medidas cautelares que pueden adoptarse para asegurar un buen desarrollo de la instrucción sin necesidad de tener que pasear esposados ante las cámaras a personas que gozan de la citada presunción de inocencia. La función ejemplarizante de la justicia debe manifestarse en las sentencias de los tribunales, y no en los titulares del telediario. Creo que es bueno recordarlo precisamente ahora, cuando los atropellados son ciudadanos por los que no tenemos ninguna estima.
Y por último, también es bueno recordar que, aunque el imaginario popular lo tenga ahora por un híbrido entre Goldfinger y el señor Burns, Teddy Bautista ha sido uno de los músicos más importantes del pop español, al menos durante su primera etapa en Canarios, antes de que perpetraran esa abominación pomposa llamada Ciclos. Canarios fundaron su fama en los directos, considerados por muchos que asistieron a sus conciertos como los más espectaculares de la época. Les dejo con un ejemplo, de título muy apropiado a las presentes circunstancias, que incluye un alegato buenrrollista del propio Teddy y en el que de paso hacen un uso descarado de la melodía del Hey Jude. Cobrarían Lennon y McCartney sus correspondientes derechos de autor? Ay, Teddy, Teddy...
Canarios - Free Yourself (1972)
De lo que se acusa a Bautista y los suyos es de desviar fondos de la caja de la SGAE a empresas privadas, de lo que habrían obtenido un beneficio indebido. Es decir, los estafados serían los socios; seguiría siendo delito pero es un asunto interno que a los sufridos ciudadanos ni nos va ni nos viene. Salvo, claro está, para poner en evidencia la falta de controles gubernamentales sobre una sociedad privada a la que, como a los arrendadores de alcabalas de antaño, se le ha concedido la prerrogativa de recaudar impuestos estatales. Esperamos ansiosos las explicaciones de la Ministra de Cultura, miembro a su vez de la sociedad investigada, sobre esta aparente dejación de funciones. Curiosamente a los socios prominentes de la SGAE que han hablado para los medios no parece importarle el presunto desfalco y apoyan ciegamente a la cúpula directiva, lo cual resulta muy sospechoso y nos hace pensar que dichas prácticas eran conocidas y aprobadas al menos por ese pequeño círculo de autores que se reparten la práctica totalidad de lo recaudado. Allá ellos. Lo importante es que la actuación judicial de estos días ha sido sólo contra ciertos miembros del equipo directivo de la SGAE y por unas prácticas ilícitas muy concretas, pero no contra el funcionamiento de la misma. Lo que realmente afecta a la sociedad española, los usos abusivos para recaudar derechos de autor y el cobro de cánones arbitrarios, seguirán como hasta ahora. Porque aunque nos parezcan prácticas injustas son perfectamente legales. Y lo son por decisión gubernamental. Por decirlo de otro modo, el responsable de que cada vez que usted compre un CD tenga que pagar un canon, aunque lo vaya a utilizar para guardar los datos de su tesis, y de que una parte importante de ese canon pueda ir a los bolsillos de Alejandro Sanz o de Víctor Manuel, no es la SGAE, que se limita a aprovecharse de las prebendas que otros le han concedido. La responsabilidad está en el gobierno y en el parlamento de la nación, que tienen la capacidad de cambiar esa situación y no lo hacen. Acuérdense de ello cuando les convoquen próximamente a votar.
Por otro lado, y como lo cortés no quita lo valiente, estoy profundamente disconforme con el tratamiento dado a los detenidos en la operación, y con las mismas detenciones. En España se abusa de estos espectáculos mediáticos, actuaciones policiales con televisión en directo, cuando los implicados son personajes conocidos. Y es significativo que estas falsas demostraciones de autoridad, que apelan a los más bajos instintos del populacho, siempre coincidan con los momentos de mayor descrédito del gobierno de turno. Aunque no ha sido éste el caso, también los jueces suelen abusar de su potestad de imponer prisión preventiva, a la que se debería recurrir únicamente cuando la libertad del acusado pudiera suponer un peligro para terceras personas o haya un riesgo evidente de fuga. Existen muchas medidas cautelares que pueden adoptarse para asegurar un buen desarrollo de la instrucción sin necesidad de tener que pasear esposados ante las cámaras a personas que gozan de la citada presunción de inocencia. La función ejemplarizante de la justicia debe manifestarse en las sentencias de los tribunales, y no en los titulares del telediario. Creo que es bueno recordarlo precisamente ahora, cuando los atropellados son ciudadanos por los que no tenemos ninguna estima.
Y por último, también es bueno recordar que, aunque el imaginario popular lo tenga ahora por un híbrido entre Goldfinger y el señor Burns, Teddy Bautista ha sido uno de los músicos más importantes del pop español, al menos durante su primera etapa en Canarios, antes de que perpetraran esa abominación pomposa llamada Ciclos. Canarios fundaron su fama en los directos, considerados por muchos que asistieron a sus conciertos como los más espectaculares de la época. Les dejo con un ejemplo, de título muy apropiado a las presentes circunstancias, que incluye un alegato buenrrollista del propio Teddy y en el que de paso hacen un uso descarado de la melodía del Hey Jude. Cobrarían Lennon y McCartney sus correspondientes derechos de autor? Ay, Teddy, Teddy...
Canarios - Free Yourself (1972)
miércoles, 29 de junio de 2011
El Final de Rasputín
Leo en un viaje relámpago en tren, ida y vuelta a Cádiz, El Final de Rasputín, en la versión de su asesino el Príncipe Feliks Yusúpov que han editado primorosamente, como todo lo que hacen, nuestros amigos de Nevsky Prospects. La historia es bastante conocida como para repetirla; no obstante, el libro es muy recomendable porque presenta el alegato autoexculpatorio del criminal, algo siempre destacable en una literatura como la rusa tan marcada por el sentimiento de culpa. Y también porque aporta encantadores detalles, anécdotas que tienen casi más valor que el propio hecho histórico, anecdótico en sí mismo a la vista de los acontecimientos que unos meses más tarde arrasaron con todo. Detalles como que el asesinato de Rasputín hubiera de aplazarse unas semanas porque los albañiles que estaban acondicionando el sótano del palacio de Yusúpov donde estaba prevista la emboscada tardaron más de la cuenta en terminar la obra. Imagínense que el destino de Rusia hubiera dependido de los que hicieron la de mi piso!
El asesinato de Rasputín, con independencia de la opinión que nos merezca el personaje, fue de una bajeza asombrosa, y ni siquiera en su propio libro escapa airoso Yusúpov. Granjearse la confianza de su víctima fingiendo amistad, invitarlo a cenar a su casa para ofrecerle vino y pasteles envenenados y rematarlo finalmente a tiros no parece conducta propia de alguien que pretende pasar a la Historia como un héroe. Y realmente Yusúpov no era mala persona, tan sólo ese tipo de mentecato con ideales que a veces surge en grupos familiares muy castigados por la endogamia y la ociosidad. Creía a pies juntillas que la causa de todos los males de Rusia era un monje borracho y rijoso que tenía hipnotizadas a la Zarina y a una docena de Grandes Duquesas histéricas, un planteamiento simplista que recuerda al de la mayoría de los salvapatrias que conocemos. Ni siquiera cuando en el dorado exilio parisiense hace recuento de aquellos años se refiere al despotismo imperante o a la terrible opresión que soportaba el pueblo. Para Yusupov, la Rusia de Nicolas II era un país de cuento de hadas cuya felicidad había sido robada por un maligno hechicero, y él era el príncipe azul escogido por el destino para liberarlo. Un capullo, ya les digo. Tampoco voy a defender a Rasputín, que el hombre tenía demasiadas sombras y puede incluso, así al menos lo insinúa Yusúpov, que espiara para el Kaiser. Pero es el único personaje que acaba cayendo simpático, un monje vagabundo de origen campesino que con sus artes embaucadoras consiguió llegar a dominar a la mismísima Corte Imperial. El típico buscavidas, como el que le vende las pulseras magnéticas a la reina Sofía, para entendernos.
Se cierra el libro con un desconcertante postfacio a cargo de Luís Antonio de Villena, que parece no haberse leído el libro antes de escribirlo, tan diferente es su versión de los hechos. No obstante aporta cotilleos de gran interés, como que el Príncipe Yusúpov, además de ser el galán más guapo de toda la Corte, era también un notorio parguela que se travestía con las ropas de su madre la Princesa para ligar con los oficiales de la Guardia Imperial; y que para acabar con las habladurías a las que daba lugar tan licencioso comportamiento el Zar en persona le obligó a casarse con su sobrina. Según esta versión de la historia, la atracción de Yusúpov por Rasputín no era fingida sino real y abiertamente carnal. Y es que, según parece, nuestro monje era dueño de un cipote de colosales dimensiones, que le fue amputado tras su muerte y conservado en formol para ilustración de generaciones venideras. A día de hoy, al menos dos museos reclaman el honor de albergarlo en sus vitrinas. Lo cual también podría aclarar el enigmático verso de Boney M cuya interpretación ha traído de cabeza a sus exégetas: Ra Ra Rasputin / Russia's greatest love machine...
Estación Victoria - Octubre Rojo (1983)
El asesinato de Rasputín, con independencia de la opinión que nos merezca el personaje, fue de una bajeza asombrosa, y ni siquiera en su propio libro escapa airoso Yusúpov. Granjearse la confianza de su víctima fingiendo amistad, invitarlo a cenar a su casa para ofrecerle vino y pasteles envenenados y rematarlo finalmente a tiros no parece conducta propia de alguien que pretende pasar a la Historia como un héroe. Y realmente Yusúpov no era mala persona, tan sólo ese tipo de mentecato con ideales que a veces surge en grupos familiares muy castigados por la endogamia y la ociosidad. Creía a pies juntillas que la causa de todos los males de Rusia era un monje borracho y rijoso que tenía hipnotizadas a la Zarina y a una docena de Grandes Duquesas histéricas, un planteamiento simplista que recuerda al de la mayoría de los salvapatrias que conocemos. Ni siquiera cuando en el dorado exilio parisiense hace recuento de aquellos años se refiere al despotismo imperante o a la terrible opresión que soportaba el pueblo. Para Yusupov, la Rusia de Nicolas II era un país de cuento de hadas cuya felicidad había sido robada por un maligno hechicero, y él era el príncipe azul escogido por el destino para liberarlo. Un capullo, ya les digo. Tampoco voy a defender a Rasputín, que el hombre tenía demasiadas sombras y puede incluso, así al menos lo insinúa Yusúpov, que espiara para el Kaiser. Pero es el único personaje que acaba cayendo simpático, un monje vagabundo de origen campesino que con sus artes embaucadoras consiguió llegar a dominar a la mismísima Corte Imperial. El típico buscavidas, como el que le vende las pulseras magnéticas a la reina Sofía, para entendernos.
Se cierra el libro con un desconcertante postfacio a cargo de Luís Antonio de Villena, que parece no haberse leído el libro antes de escribirlo, tan diferente es su versión de los hechos. No obstante aporta cotilleos de gran interés, como que el Príncipe Yusúpov, además de ser el galán más guapo de toda la Corte, era también un notorio parguela que se travestía con las ropas de su madre la Princesa para ligar con los oficiales de la Guardia Imperial; y que para acabar con las habladurías a las que daba lugar tan licencioso comportamiento el Zar en persona le obligó a casarse con su sobrina. Según esta versión de la historia, la atracción de Yusúpov por Rasputín no era fingida sino real y abiertamente carnal. Y es que, según parece, nuestro monje era dueño de un cipote de colosales dimensiones, que le fue amputado tras su muerte y conservado en formol para ilustración de generaciones venideras. A día de hoy, al menos dos museos reclaman el honor de albergarlo en sus vitrinas. Lo cual también podría aclarar el enigmático verso de Boney M cuya interpretación ha traído de cabeza a sus exégetas: Ra Ra Rasputin / Russia's greatest love machine...
Estación Victoria - Octubre Rojo (1983)
lunes, 27 de junio de 2011
Pessoa sobre Lisboa
Entrando ahora en la Rua Marquês da Fronteira, pasamos por la antigua Penitenciária, llamada ahora Cadeia Nacional de Lisboa. Esta construcción fue proyectada por el ingeniero Ricardo Julio Ferraz y comenzada en 1874. Tiene dos torres en la parte central de la fachada delantera y el edificio interior tiene forma de estrella con varias alas que convergen en un punto central, como fácilmente se puede observar. Se trata de un gran edificio, con 474 celdas y más de 22 compartimentos destinados a enfermerías, 12 celdas de castigo y 26 talleres para diferentes oficios, de los que surgen trabajos que son adquiridos por importantes firmas. Hay una sección de venta al público para la venta de los productos que salen de los talleres. También existe un curiosísimo museo, formado por las más extrañas y variadas armas utilizadas para cometer crímenes, desde escopetas y carabinas a navajas de todas clases e instrumentos que no parecen destinados precisamente a quitar la vida. La Penitenciária puede ser visitada los domingos de las 9 de la mañana hasta el mediodía, pero no es difícil obtener autorización para visitar el edificio en otros días de la semana, solicitándola en el propio establecimiento.
Habiendo llegado hasta aquí, el turista no debe dejar de visitar ahora uno de los más hermosos parques de recreo de Lisboa: el Parque Eduardo VII antes mencionado, que está situado en los extensos terrenos en frente de la Penitenciária, El invernadero del Parque es una obra magnífica, de la que Lisboa se enorgullece; y es realmente extraño que una parte de la población de la ciudad no sólo no lo visite, sino que desconozca su existencia. Además, este casi desconocido rincón es un prodigio de frescor y deleite, donde la naturaleza nos muestra muchos de sus más escogidos ejemplares de plantas ornamentales y donde el arte de humildes artistas, de callado talento personal, regala nuestros ojos con esmerados follajes y flores. El invernadero contiene millares de ejemplares de plantas exóticas, cuyo valor es difícil de calcular. Este invernadero está abierto al público los domingos y días de fiesta, de las 8 de la mañana a las 7 de la tarde, y la entrada cuesta un escudo. En los días de semana está abierto de las 8 de la mañana a las 5 de la tarde y es gratuito.
Subiendo la Rua Don Pedro V, pronto vemos otro jardín, en la Praça Rio de Janeiro (hoy Praça do Príncipe Real); es uno de los jardines más bonitos de Lisboa, debido al meticuloso diseño y a los cuidados que se le dedican. Este jardín contiene diversas especies de árboles muy hermosos, cuyo ejemplar más notable es un enorme cedro, cuyas ramas, apoyadas en un armazón de hierro, cubren un espacio suficiente como para albergar a varios centenares de personas. Debajo de este agradable cedro está instalada otra biblioteca pública; es una de las seis que el Ayuntamiento distribuyó por los jardines de Lisboa, feliz idea de uno de sus miembros Alexandre Ferreira. A la izquierda queda el monumento al célebre periodista França Borges. El autor del monumento es el escultor Maximiliano Alves y se compone de varios bloques superpuestos de piedra tosca, que tienen a la derecha una figura femenina representando a la República, que mira tiernamente al gran paladín. Este monumento fue inaugurado el 4 de noviembre de 1925; desde entonces el jardín lleva el nombre del demócrata representado en la escultura.
Seguimos hacia delante y vemos a la derecha el edificio de la Escola Politécnica, donde actualmente está instalada la Facultad de Ciencias. [...] El edificio tiene anejo uno de los jardines más pintorescos de Lisboa, incluso de Europa; al menos eso dicen muchos extranjeros. En él se encuentran especímenes de la flora de todas las regiones del mundo. El jardín está situado en un declive, una de sus grandes ventajas, por el partido que se le saca a esa inclinación, pues se consiguen todos los efectos visuales posibles de la variada vegetación que por todos lados despunta, convirtiéndolo en un conjunto de esplendor edénico. El jardín tiene varios estanques, cascadas, arroyos, puentes, laberintos, un bello invernadero, etc. En su parte inferior está el Observatorio Meteorológico llamado después del Infante Don Luis e inaugurado en 1863, y también el Observatorio Astronómico.
Teresa - Lisboa à noite (1997)
Habiendo llegado hasta aquí, el turista no debe dejar de visitar ahora uno de los más hermosos parques de recreo de Lisboa: el Parque Eduardo VII antes mencionado, que está situado en los extensos terrenos en frente de la Penitenciária, El invernadero del Parque es una obra magnífica, de la que Lisboa se enorgullece; y es realmente extraño que una parte de la población de la ciudad no sólo no lo visite, sino que desconozca su existencia. Además, este casi desconocido rincón es un prodigio de frescor y deleite, donde la naturaleza nos muestra muchos de sus más escogidos ejemplares de plantas ornamentales y donde el arte de humildes artistas, de callado talento personal, regala nuestros ojos con esmerados follajes y flores. El invernadero contiene millares de ejemplares de plantas exóticas, cuyo valor es difícil de calcular. Este invernadero está abierto al público los domingos y días de fiesta, de las 8 de la mañana a las 7 de la tarde, y la entrada cuesta un escudo. En los días de semana está abierto de las 8 de la mañana a las 5 de la tarde y es gratuito.
Subiendo la Rua Don Pedro V, pronto vemos otro jardín, en la Praça Rio de Janeiro (hoy Praça do Príncipe Real); es uno de los jardines más bonitos de Lisboa, debido al meticuloso diseño y a los cuidados que se le dedican. Este jardín contiene diversas especies de árboles muy hermosos, cuyo ejemplar más notable es un enorme cedro, cuyas ramas, apoyadas en un armazón de hierro, cubren un espacio suficiente como para albergar a varios centenares de personas. Debajo de este agradable cedro está instalada otra biblioteca pública; es una de las seis que el Ayuntamiento distribuyó por los jardines de Lisboa, feliz idea de uno de sus miembros Alexandre Ferreira. A la izquierda queda el monumento al célebre periodista França Borges. El autor del monumento es el escultor Maximiliano Alves y se compone de varios bloques superpuestos de piedra tosca, que tienen a la derecha una figura femenina representando a la República, que mira tiernamente al gran paladín. Este monumento fue inaugurado el 4 de noviembre de 1925; desde entonces el jardín lleva el nombre del demócrata representado en la escultura.
Seguimos hacia delante y vemos a la derecha el edificio de la Escola Politécnica, donde actualmente está instalada la Facultad de Ciencias. [...] El edificio tiene anejo uno de los jardines más pintorescos de Lisboa, incluso de Europa; al menos eso dicen muchos extranjeros. En él se encuentran especímenes de la flora de todas las regiones del mundo. El jardín está situado en un declive, una de sus grandes ventajas, por el partido que se le saca a esa inclinación, pues se consiguen todos los efectos visuales posibles de la variada vegetación que por todos lados despunta, convirtiéndolo en un conjunto de esplendor edénico. El jardín tiene varios estanques, cascadas, arroyos, puentes, laberintos, un bello invernadero, etc. En su parte inferior está el Observatorio Meteorológico llamado después del Infante Don Luis e inaugurado en 1863, y también el Observatorio Astronómico.
Teresa - Lisboa à noite (1997)
miércoles, 22 de junio de 2011
Pessoa y Lisboa
Es de agradecer que esas autoridades financieras extranjeras que deciden sobre la legislación laboral española aún no se hayan metido con algo tan nuestro como los puentes. Gracias a ese despiste (que, no lo duden, se subsanará en breve) podemos tomarnos a partir del jueves unos días de descanso. Aunque podría ser también que a nuestros nuevos señores, en lugar de revisar el tema pontificio (lo relativo a la erección de puentes), les de por entrar directamente en el muy resbaladizo tema de las festividades nacionales y locales y su disposición en medio de la semana porque quien las dicta no es la autoridad laboral sino el santoral de la iglesia católica. Por ejemplo, la festividad local que se celebra en Sevilla el jueves, y que supone el cierre de todos los organismos públicos, el comercio y la poca industria que nos quede, tiene como objetivo proclamar la fe en que unas obleas de pan ácimo sobre las que se han pronunciado ciertos conjuros son en realidad la carne de un semidiós hebreo que habitó en Palestina hace más de dos mil años. Tal y como lo oyen. Tan disparatada creencia, que no se la tragaría ni Iker Jiménez harto de vino de consagrar, en Sevilla es apoyada por todas las fuerzas vivas e instituciones civiles de la ciudad, incluida la Universidad, y sus representantes oficiales, con la Corporación Municipal a la cabeza, procesionarán en gozoso contubernio con los magos de la secta que defiende semejante superstición acompañando a una custodia dorada donde se exhibe el objeto de su idolatría. Un par de días después se celebra por las mismas calles otra procesión muy distinta (o quizás no tanto), la del orgullo gay, y como no sabemos con qué talante se tomará Yahveh la provocación, preferimos como Lot y los suyos huir de la ciudad pecadora, no sea que la justa ira le nuble la vista y yerre el destino de sus rayos purificadores alcanzando a quienes no tenemos arte ni parte en la celebración sodomítica.
Así que nos vamos unos días a una de nuestras ciudades favoritas. Por cierto, sabían ustedes que Pessoa escribió una guía turística de Lisboa? Según cuentan formaba parte de un libro mucho más ambicioso que debía describir las maravillas naturales e históricas de Portugal pero, como era de esperar, el poeta no fue capaz de llegar más allá de los límites de su ciudad natal. Una explicación que no convence, pues el libro, que no se publicó hasta hace unos años, no es para nada una evocación poética de la Lusitania, sino una guía práctica para los viajeros de la época (circa 1925), con las horas de visita de los museos y demás informaciones útiles. Eso sí, el turista al que se dirige Pessoa tiene poco que ver con nuestros mochileros de sandalia y calzón corto, ya que se mueve exclusivamente en automóvil, y en ese medio sube y baja por las colinas de la ciudad, apeándose del vehículo apenas el tiempo necesario para visitar algún monumento. Con la cercanía del viaje me ha dado por leer la guía, siguiendo el trayecto del elegante turista sobre un mapa reciente, y la sorpresa ha sido comprobar lo poco que ha cambiado Lisboa en casi un siglo. Los nombres de las calles son los mismos que tenían por aquel entonces; también los parques de antaño continúan siendo zonas verdes, y hasta raro es el edificio público que ha cambiado su función. Esas son las ciudades que nos gustan. Y es que en fondo somos muy conservadores.
Jose Afonso - Coro da Primavera (1971)
Jose Afonso - Coro da Primavera (1971)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

